miércoles, 1 de abril de 2020

Lorem Ipsum -artículo de Ideal Sierra Mágina, abril 2020-

Lorem ipsum es un texto sin aparente sentido con el que los diseñadores tipográficos realizan las probaturas de sus composiciones. Con él adelantan el efecto visual que tendrá su trabajo una vez concluido. Es un relleno de pega, como una cháchara, un blablablá insustancial que hace bonito, pero es ininteligible. Su uso se remonta a los impresores del siglo XVI y, pese a no tener ni pies ni cabeza, no se trata de un pronto gagá o un improvisado repentino. En realidad, está inspirado en la obra «De finibus bonorum et malorum» de Cicerón, a cuyas palabras, al transcribirlas, se le han comido algunas sílabas o letras de manera deliberada. 

Una vez dicho esto, permíteme que hoy te dedique mi artículo. Sí, no disimules volviendo la cabeza hacia atrás como si el destinatario de mi llamada estuviera a tu espalda. De sobra sabes que te estoy hablando a ti. 

¿Recuerdas?… antes de que se declarara la pandemia, llegabas al bar bien temprano y nunca tenías prisa. Te comportabas como si no hubiera nada más que hacer en esta vida más allá del tiempo que empleabas en tomar tu café. Por eso le dabas tanta pompa y ceremoniosidad a cada uno de tus gestos: primero, zarandeabas repetidamente el sobre del azúcar como si se tratara de un ritual de exorcismo que lograra endulzar el café solo en su justa medida; con posteridad, concediéndole toda la parsimonia del mundo, vertías el contenido del sobre y, sin dejar de percutir la cucharilla contra las paredes de la taza en una perfecta banda sonora matutina, dibujabas entre veinte y treinta círculos concéntricos; por último, y tras tomar un pequeño, apenas perceptible sorbo, abrías este periódico.   

Leías los titulares de cada noticia, en cada página, sin ir mucho más allá. Y pasabas las hojas con la misma o parecida rapidez con la que ojeabas las fotografías que ilustran los artículos, buscando algún rincón, algún paraje, alguna cara conocida. Como siempre -y ya era costumbre-, te parabas y te recreabas en esa esquina donde aparece el anuncio que desgrana las maravillas arquitectónicas y turísticas de tu queridísimo pueblo. Después, te sonreías, mientras volvías atrás en las páginas, y luego otra vez adelante, para ir una más hacia atrás, hasta que te topabas de nuevo con mi artículo.  

 Si hubieras tenido la posibilidad de leer este en concreto, el título te habría tirado un poco para atrás. Habrías pensado: «¿pero qué idioma es este?… ¿ruso?… ¿inglés?… ¡ah, no!, que me dicen que latín… Pues empezamos bien…». Porque si ya de por sí te resulta un esfuerzo ímprobo ponerte a leer una parrafada tan larga, encima le añadimos latinajos. Y sería entonces cuando, guiñando los ojos a la par que echas la cabeza hacia atrás, decidirías no leer mi artículo.  



Tengo la certeza de que, aunque lo leyeras, tu mente iba a transformar su contenido en lorem impsum, en un batiburrillo babélico, porque ni siquiera te esforzarías en comprender el hilo de mi disquisición; decididamente, no vas a permitir que nadie te caliente la cabeza, pues ya tienes una opinión bien contrastada y hasta testada. Tú lo sabes de sobra y, además, lo echas tanto de menos… porque las ideas más interesantes, las ocurrencias más imaginativas y las frases más sesudas que se le puedan ocurrir a nadie, surgen delante de una barra y con una caña en la mano.       

Y pienso que, en parte, tienes razón. Porque hay muchos, tal vez demasiados periodistas, escritores, tertulianos, políticos… charlatanes que escriben, hablan o actúan en un perfecto lorem ipsumHay muchos vendedores de humo cuya misión es dirigir la opinión pública dentro de unos parámetros moderados y aceptables. Para ello se encargan del postureo y de la apariencia, guionizando las reacciones, construyendo diálogos y dramas -tretas y comedias- a gusto del empresario de variedades, del dueño del teatro; es decir, de quien tiene el dinero y el poder.  

Te compro que a nadie le gusta complicarse la vida y que, mientras la obra iba rodada, hasta nos entretenía, porque tú y yo estábamos ahí como todos los de nuestra condición: sentados en nuestras sencillas pero confortables butacas de platea, adelantándonos si quieres unos segundos a lo que deparaba la trama a continuación, porque todo se iba desarrollando dentro de lo previsible; yo con mis artículos infumables -porque sé que a ti te parecen un verdadero tostón- y tú con tu filosofía de «aquí me las traigan todas», o como mucho de «a verlas pasar».  



Pero de pronto un día, ocurrió algo que no estaba previsto ni escrito en ningún guion, y como si de un castillo de naipes se tratara, todo se vino abajo. Donde antes había orden y previsión, ahora solo quedaba caos, confusión y angustia, y el simple aleteo de una mariposa, o el estornudo de una persona al otro lado del mundo –por ejemplo, en China-, terminó provocando una reacción en cadena y una catástrofe tal, que nuestro paraíso pequeño burgués se derrumbó en un instante. 

 Entonces ha sido, mi querido no lector de nada, ni de mí, ni de nadie, cuando te has dado cuenta que tu mundo era puro cartón piedra; un trampantojo sustentado por banalidades, un entramado vacío y falto de valores que, como mucho, habías rellenado de lorem ipsumpues ya lo dijo Cicerón en su «De finibus bonorum et malorum»: «A nadie le gusta el dolor para sí mismo, o lo busca y desea tenerlo, apenas porque es dolor…» 

lunes, 2 de marzo de 2020

El poblado -artículo de Ideal Sierra Mágina, marzo 2020-


¡Nos vemos en el poblado! 

La primera vez que escuché lo de poblado, así de viva voz y no en un documental de la Dos o en una peli de indios y vaqueros, me sonó a desprecio; como si el joven en cuestión se lo soltara a modo de reproche peyorativo al paisano que acababa de cruzarse por el Paseo de la Estación de la capital jiennense –no diré el pueblo del interfecto, póngase cualquiera de los municipios de nuestra Mágina-. Después, han sido innumerables las ocasiones en las que, no solo he vuelto a oír esa expresión, sino que la he visto escrita en las redes sociales. De hecho, a fuerza de costumbre, mi oído y mi vista han terminado por normalizarla, hasta el punto de encontrar en el tono de quienes la utilizan un toque despreocupado y cariñoso a la vez. 

—Es que como en el poblado, en ningún sitio. Te lo digo yo. 

Pero me sigue chirriando. A mi subconsciente le resulta del todo imposible borrarse de la cabeza esa imagen, porque está incrustada en las profundidades de mis recuerdos de televidente empedernido desde la infancia, donde aparecen una pradera sembrada de tipis de piel de bisonte y armazón de madera, con una hoguera en el centro, alrededor de la cual, un nutrido grupo de nativos americanos bailan en honor a Kokopelli, para que los frutos de los árboles sean abundantes, la hierba crezca frondosa y las mujeres encinta alcancen su gestación sin contratiempos. 

—Este es mi poblado; estas son mis raíces. 

Si me esfuerzo, en un ejercicio de abstracción, esa idea desaparece por unos instantes, aunque al momento está ahí de nuevo. Esta vez aparece reforzada y, para colmo, asociada a otra imagen más potente de esos mismos nativos de los Estados Unidos: poblado…reserva… Entonces, en un santiamén, mi febril imaginación construye un casino que, cual desierto de Mojave maginense, ubica en el Hoyo de la Laguna. Y no, no es para reírse, pues, según avanzan los acontecimientos, no sería descabellado que en un futuro no muy lejano las casas de apuestas proliferaran también aquí, en el centro de nuestros pueblos, donde las sucursales bancarias les están dejando numerosos locales vacíos; o que los olivares, abandonados a su suerte por falta de productividad –paradojas de la vida, justo después de que fueran declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO-, terminaran por ser arrancados, para dedicar esos terrenos al cultivo de, no sé… ¿marihuana?… No, Juan, mira que eres exagerado —me diréis-… ¡Ah!, que no; que eso solo le podría pasar al olivar de montaña, -el que por cierto es predominante en Sierra Mágina-, porque el resto de explotaciones, donde pueda entrar la maquinaria moderna, terminará en manos de los oligopolios y sus estrategias empresariales de cultivo intensivo.  



—Unos días en el poblado y me cargo las pilas. 

Todos tenemos interés en que estas cosas, o parecidas, no ocurran ni siquiera en nuestra imaginación; pero la sociedad de la prisa y del todo es para hoy no ha reparado en que, el consumo incontrolado, la codicia empresarial y la falta de planificación para el mañana no han logrado más que una desigualdad galopante y una injusticia ingente. Cada día crece, no solo el número de pobres, sino las diferencias entre estos y quienes lo tienen todo, aderezándose además con un impúdico colofón: la agonía y muerte del medio ambiente. Por eso, el sector primario, última víctima de este despropósito general, ya no puede más y se ha visto obligado a gritárnoslo al resto. Si no empujamos los de a pie, ni políticos, ni sindicatos, ni organizaciones empresariales; nadie arreglará el desolador panorama existente, donde la ruina de los agricultores y los ganaderos es solo el principio. 

Hay que escapar del poblado. 

Porque, a ver, los jóvenes inventores de eso del «poblado»: ¿me podéis decir qué significa para vosotros «primario»?… Tal vez os suene a primitivo, arcaico, viejuno, muermo, pantalla pasada, la bicha, el lagarto, lo innombrable…cuando en realidad está más relacionado con términos como lo primero, lo principal, lo primordial, lo imprescindible…la base de la pirámide sobre la que se sustenta todo lo demás; la materia prima necesaria para que la industria tenga qué manufacturar; el sector responsable de cubrir nuestra necesidad más básica, que es comer, sin el cual, sería imposible nuestra existencia, por muchas danzas que le ofreciéramos a KokopelliManitú…o por muchas oraciones que le dedicáramos a la Virgen de la Fuensanta, al Señor de la Vida, al Cristo de la Misericordia, a Nuestra Señora de Cuadros, a la Virgen del Rosario, a la de la Cabeza, a la de las Nieves, a Nuestro Padre Jesús de la Columna…o a todos juntos. 

Pues eso, que nos vemos en el Poblado.

No me cansaré de decirlo: por mucha tutela y patrocinio europeo, y por mucha protección de precios mínimos y elaboración de una legislación que instrumentalice la comercialización y sancione la venta a pérdidas, el olivar tradicional ha de aprender de una vez por todas a venderse, poniendo en valor sus virtudes, su peculiar idiosincrasia. Porque «tanto tienes, tanto vales» y, Sierra Mágina, junto al resto de comarcas olivareras, ha de reinventarse una vez más, reivindicando sus propios valores añadidos, que están ahí, en su misma esencia. De lo contrario, Jaén terminará convirtiéndose en un triste «paraíso interior» de bonitos poblados, muriendo de desolación en mitad de una reserva de sesenta millones de olivos. 

lunes, 3 de febrero de 2020

Los magineros de la Meseta -Ideal Sierra Mágina, febrero de 2020-

El domingo 12 de enero, se inauguraba en la galería madrileña Ra del Rey, la exposición fotográfica «Miradas y Complicidades» de la escritora, fotógrafa y viajera Gloria Nistal Rosique. Imaginaos qué no habrá visto Gloria, con cámara o no de por medio, si ha viajado más de doscientas cincuenta veces fuera de España, visitando más de un centenar de países en cuatro continentes, incluso llegando a vivir temporadas más o menos largas en diferentes ciudades de tres de esos continentes. En esta magnífica exposición, como en su vida, Gloria se vale de la empatía y de la afinidad, para persuadir a sus improvisados modelos, quienes, ya sea en África, América, Europa o Asia, responden con la misma franqueza y sinceridad, ofreciendo su mirada sin pose, y si se me aprieta, su mirada más cómplice. Ese enfoque, el saber captar ese preciso perfil de cada una de las diversas razas del mundo, no lo logra un fotógrafo, si no destila, por encima de todas las cosas y todas las técnicas, humanidad; algo que, a primera vista, vemos rebosar en la mirada de la artista madrileña.   

Hace unos años, tuve el placer de participar, junto a ella y otros treinta y seis escritores más, en el libro Sierra Mágina: territorio literario. Aquella publicación supuso el surgimiento de un peculiar y heterogéneo grupo de artistas, a quienes el fragor de las disputas literarias vividas en las canchas de Sierra Mágina, unió de manera inevitable, y tal vez de por vida. 

Fotografía: Gloria Nistal Rosique


Así pues, al calor de la exposición de Gloria, nos reunimos, una vez más, los magineros de la Meseta; es decir, quienes de aquel grupo, ya sea por unas u otras circunstancias, vivimos pasado Despeñaperros. Allí, mezclados entre el numeroso público que se congregó en la sala, estuvimos -aparte de la anfitriona de la exposición y yo mismo-, Soco Mármol, escritora bedmarense, coordinadora de aquel libro y, desde entonces, nombrada por unanimidad «nuestra maestra», a cuyo libro de relatos El año del vestido azul, protagonizados en su mayoría por mujeres de Mágina, dediqué uno de mis artículos; Flori Tapia, madrileña de raíces panciverdes –no en vano es la inventora del término «bedmarear»-, cuya lúcida pluma te arrasa las entrañas como un tsunami; la vallisoletana Ángeles Cantalapiedra, quien no tuvo reparo alguno por adentrarse en las sinuosas carreteras de Sierra Mágina, haciendo parada y fonda en nuestros pueblos, para quedarse como García Márquez, maravillada por las historias que nuestra tradición oral ha ido transmitiendo, generación tras generación, de madres a hijas; Adelaida Porras Medrano, que es tan madrileña como sevillana, pero con una ineludible vinculación con Jódar -no en vano, por las venas de sus hijos corre sangre garduriense-, además de ser autora de Otra vez esta noche (Alfar, 2011), novela ambientada en la Jódar de los años veinte del pasado siglo; aunque, para haber podido completar la partida, nos faltó Pepe Iglesias, nuestra conexión extremeña, cuyo breve e intenso relato alrededor del Santo Cristo de Burgos, no sé si acontecido en Cabra del susodicho, en la imaginación de Pepe o en ambos lugares de manera simultánea, aún me tiene gratamente desconcertado. 

Tras recorrer la exposición, ocupamos un discreto rincón, aunque no logramos impedir el quedarnos a merced de los vaivenes del público que, de buena mañana, celebraba la prodigiosa habilidad de Nistal disparando su objetivo. Desde nuestro corro, pude congratularme de lo mucho que me une a Flori, quien, como persona y como escritora, me tiene enamorado. Les pude poner cara y voz al fin, tanto a Adelaida como a Ángeles, y así disfruté de la prestancia y el empaque de dos verdaderas damas de la literatura. También diserté largamente con nuestra Soco; y cuando digo «largamente», quiero decir, que coincidimos en nuestras apreciaciones, para luego encontrarnos en polos totalmente opuestos, aunque, tras un buen rato de dialéctica, siempre terminamos por alcanzar una posición que nos convenza a ambos. Mientras tanto, Gloria, radiante y feliz, no paraba de recibir felicitaciones. 

Transcurrida la mañana, y tras conjurarnos por enésima vez con repetidos abrazos por la literatura y por Mágina, nos fuimos marchando todos. De vuelta a casa, caminé por la Gran Vía más ancho que largo, tal vez henchido por el chute extra de adrenalina que siempre me suponen estos encuentros nuestros; bueno, también porque las aceras de la más importante calle de nuestra capital, ahora son como avenidas –nunca dejaré de agradecértelo, Carmena-. El caso es que, Madrid Central lucía el domingo con un empaque tan diferente que, hasta esquivar turistas, ya no era un incordio, sino un zigzag perfectamente coreografiado.  



Al llegar a Callao, mientras me iba camuflando entre la marabunta anónima, justo antes de dejarme tragar por la boca del Metro, miré hacia arriba, en busca de la majestuosa estampa del Capitol. Una vez respirado el vértigo sublime de su perfil, mientras bajaba mi vista a la altura de los humanos, observé que todas las farolas lucían carteles anunciando la próxima fiesta de San Antón.  

De pronto, ya no estaba allí, sino en Mágina y, además, era noche cerrada; era la Noche de las Lumbres, que encabritaban su lengua como si pudieran alcanzar las alturas del cielo, la pureza de los corazones, la cura del miedo… Y cuando al cabo de un rato la leña y el ímpetu de las llamas se fue calmando, y las patas de su caballo de fuego se templaron poco a poco, apareció la calma que terminó por acallar aquel chisporroteo de támaras y zarzas. Todos, grandes y chicos, cantamos y saltamos las brasas; todos, grandes y chicos, por un día, apagamos juntos la sed con la bota. Entonces, mientras regresaba al sol y a la tarde madrileña, lo vi con toda claridad en mi cabeza: había nacido un nuevo proyecto maginero; uno que, además, tenía que proponérselo a Gloria y a su objetivo indiscreto.

Lorem Ipsum -artículo de Ideal Sierra Mágina, abril 2020-

Lorem   ipsum  es un texto sin aparente sentido con el que los diseñadores tipográficos realizan las probaturas de sus composiciones. C...