«Desahucio de segunda» —Artículo para Ideal Jaén, 12 de octubre de 2026—

 Este pasado martes 6 de octubre, me hice eco en las redes del desahucio que esa misma mañana se estaba produciendo en la avenida de Barcelona de aquí, «de Jaén Jaén», que solemos decir en esta tierra, como si anduviéramos siempre en una continua aceptación de nuestra propia identidad; una expresión, por otra parte, que el ayuntamiento de la capital está utilizando como eslogan para una campaña institucional de promoción de la ciudad. A pesar de que el día anterior se había presentado en el juzgado (sección civil, plaza número 2) un escrito formal, acreditando la situación de vulnerabilidad extrema de Charo y sus dos hijos de uno y siete años, con el apoyo y trabajo conjunto de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), Cáritas y el ayuntamiento de Jaén, para conseguir una alternativa habitacional, esta petición fue rechazada por las instancias judiciales. 

 

En el momento en que estoy escribiendo esta columna, el vídeo que me envió una amiga, y que recoge los instantes previos al lanzamiento judicial de Charo y su familia, lleva en TikTok 134.300 visualizaciones, 1.676 «me gusta», ha sido compartido en 374 ocasiones y ha generado 492 comentarios. No cabe duda de que la sociedad —también la jienense— ha puesto sobre la palestra cuál es el principal problema que nos afecta, y que no es otro que la vivienda. 

 

Ahora bien, leyendo muchas de esas 492 opiniones, no tengo claro que la mayoría de las personas —al menos las que se dedican a vomitar en las redes sociales toda su frustración— acompañen su preocupación por el problema habitacional con una mínima empatía hacia la vulnerabilidad que sufren buena parte de los inquilinos que se ven en la imposibilidad de pagar la correspondiente renta a sus caseros.  

 

En este caso concreto, es verdad que al otro lado no hay un fondo buitre, sino una octogenaria a la que le han dejado de pagar 20.000 euros en estos últimos cinco años. No sé si por eso mismo, o porque la cantidad de gente que se congregó a las puertas del número 27 de la Avenida de Barcelona no se pueda comparar con la de las acampadas de Sol, plaza de Catalunya o en las Setas, pero el caso es que un usuario ha bautizado este lanzamiento judicial como un «desahucio de segunda».  

 

Lo que no es de segunda es la extrema vulnerabilidad, rayando la pobreza, de Charo —y repito, con dos hijos de 1 y 7 años—, quien ha tenido que elegir entre dar de comer a sus hijos o pagarle a su casera. Tampoco son de segunda los insultos e improperios hacia Charo, sino que braman con la misma intensidad e indecencia que la exhibida por nuestros políticos, incapaces de alcanzar un acuerdo de mínimos sobre urgencias máximas para las personas más desfavorecidas de nuestra sociedad. Tampoco son de segunda su inhumanidad y su falta de empatía, cuando no se paran un momento a pensar en las circunstancias que han podido llevar a una madre con dos hijos a esta situación; cuando no se solidarizan con esta situación ni dedican toda esa rabia —ese gatillo fácil que se gastan en las redes— para exigir, aunque sea de manera testimonial, al ayuntamiento de Jaén, a la Junta de Andalucía, al gobierno de España una salida para Charo. Pero no, aquí también, «en Jaén Jaén» preferimos seguir siendo unos insolidarios seres de primera.  



 

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