El almecino

Historias y semblanzas sobre las gentes que hicieron, hacen y harán Sierra Mágina

viernes, 30 de diciembre de 2016

Memoria versus Causa



Portado de los documentos de la Causa General en Bélmez de la Moraleda

Una de mis películas favoritas es el clásico de Capra “It's a Wonderful Life” -“Qué bello es vivir“-. Por si no lo recordáis, me refiero a esa película que ponen todas las Navidades en la que su protagonista, George Bailey -James Stewart-se encuentra a punto de tirarse por un puente, hasta que un ángel de segunda, Clarence, viene a su rescate para ganarse las alas. Pero George, que no para de lamentarse por haber nacido, no desiste en su parecer, obligando con ello al viejo ángel a mostrarle cómo hubiera sido la vida de los suyos, de su entorno, de su pueblo, si él nunca hubiese existido. Y es entonces cuando el protagonista se da de bruces con la moraleja misma de la vida, porque por muy insignificante que nos parezca nuestra existencia, por muy intrascendentes que creamos nuestros actos, siempre van a acarrear consecuencias en el devenir de la historia y que, por supuesto, serán positivas si nuestro proceder se encamina hacia tales propósitos.

Secuencia de la película "Qué bello es vivir"
Si añado esta filosofía al cometido de lo que escribo, llegaré a la conclusión de que nadie es prescindible en la historia de su pueblo, pues todos en mayor o menor medida la conforman y moldean.

Al hilo de esto, siempre tuve la creencia que a Bélmez de la Moraleda le pasaba como al pueblo de la canción de Serrat, que por no pasar ni pasó la guerra. Pero es ahí precisamente, en esa imprecisión sobre la guerra del 36 en nuestro pueblo, donde quiero detenerme hoy y, como Clarence, poner luz sobre esa falsa creencia.

Cierto es que en Bélmez no hubo bajas, pero eso no quiere decir que no hubiera “paseíllos” aunque no se consumasen; o que no se delatara y encarcelara a nadie más por venganzas y disputas personales que por cuestiones políticas; o que no se ocuparan y saquearan fincas. Todo ello pertenece a la memoria histórica de los vencedores y está perfectamente documentado en la Causa General iniciada por el régimen de Franco en 1941 en todas y cada una de las poblaciones de España con el fin de condenar a todos aquellos republicanos del Frente Popular que “hubieren atentado contra personas y/o sus bienes, contrarias a su ideología o ser partidarios de los que se habían levantado contra la 2ª República”.

Así, en la documentación de la denominada Causa General, encontramos que durante los primeros días de la contienda en Bélmez de la Moraleda sufrieron cárcel y –cito textualmente- “intento de asesinato” 19 personas. A ello se le añade la detención del cura párroco, profanación de imágenes, destrucción del templo e incautación de la casa rectoral, muebles y robo de las campanas y ornamentos religiosos. Por otra parte, también refleja la documentación del proceso franquista la incautación de la casa cortijo, robo y saqueo de los bienes muebles, aperos de labranza, comestibles y existencias de aceite de cuatro de los hacendados más sobresalientes del término municipal.   

Vuelvo sobre el “intento de asesinato”. Solo hay dos pueblos en toda la provincia de Jaén que no mancharon de sangre las tapias de sus cementerios durante la contienda; uno de ellos es Bélmez de la Moraleda. Y ello dice mucho respecto de sus moradores por encima de ideologías, creencias, pareceres, pues si no se derramó sangre antes, tampoco hubo fusilamientos después. Probablemente algunos exaltados hicieron el “intento” empujados por la propia inercia de aquellos primeros días convulsos, pero terminó prevaleciendo la prudencia, cordura, sensatez de quienes representaban la legalidad republicana y aunque solo sea por pura estadística, es algo excepcional y por ello extraordinario, incluso  aunque se trate de pueblos alejados del frente    –solo hay que echar un vistazo a lo ocurrido en el resto de la comarca-.

Eso no quiere decir que los años de la dictadura no cubrieran a los perdedores como una lápida pesada que les  enterró en vida ¿o acaso es vida la falta de libertad, de justicia, de igualdad? Y aunque nuestras cunetas no escondan cadáveres, las penas de cárcel más o menos prolongadas, los rapados vejatorios y posterior exhibición por puro escarnio, los obligados saludos mano en alto a la cruz de los caídos que se erigió al lado del puente del Arroyo, donde hoy está el Bar Nuevo      –nunca se saludó al yugo y las flechas, Carlos Debor, pero llevas razón, es igual de denigrante-, se marcaron a fuego en la memoria de aquellos viejos republicanos, porque es su memoria la que hoy toca reivindicar, para desenterrar, no las heridas, sino las verdades, sus verdades, de aquellas mujeres y hombres.




miércoles, 21 de diciembre de 2016

Historias de otra Navidad

Los niños de esta historia, que ahora son mujeres y hombres maduros cercanos o entrados ya en los cincuenta, solo tienen que cerrar los ojos y respirar hondo para sentirse al momento correteando por las calles de Bélmez hasta la tienda de Manuel de Juan Antonio o la de Frasquito, pues había prendido la noticia como la pólvora, que ya habían puesto los juguetes. Ahí que nos pasábamos las horas con la cara pegada al escaparate en un intento inútil por traspasar el frío cristal y poder tocar con los dedos la nancy rubia o el winchester 73 o los juegos reunidos geyper o la BH azul...hasta que el reflejo de  las luces verdes, rojas, amarillas, azules que iluminaban el árbol de Navidad -aquel pino traído de Las Ramblas- que el Ayuntamiento montaba en la plaza, nos alertaba de que se había hecho la noche.

Ya desde principios de noviembre nos íbamos haciendo el cuerpo a la Navidad, pues más o menos por esas fechas comenzaban los ensayos para el certamen de villancicos de Sierra Mágina. Y todas las tardes a las cinco, tras la última clase, torturábamos al maestro Gijón con una entrada de pandereta a destiempo, un trino equivocado de bandurria o un desafine de la segunda voz en el estribillo. Pero milagrosamente, el día del concurso se clavaba el redoble de panderetas de "En Belén una noche oscura" o "Caravana de gitanos", se acompasaban guitarras con laúdes y bandurrias en "Pisen" o se templaban en la cuasi perfección las voces en el "Desde Belén a la sierra", otra composición del entonces alcalde Pepe Moreno, que estrenábamos uno de aquellos años. 

Esas niñas y esos niños perdidos, niños viejos ya, con tan solo cerrar los ojos y respirar hondo, les parecerá de nuevo estar sintiendo el calor arenoso de los mantecaos pobres o el recuerdo cítrico de los mantecaos manchegos que la abuela había cocido en el horno del Dulcero, en el de la Cooperativa o en el de Juan Felipa, aunque no tendrán que cerrar los ojos, sino todo lo contrario, dejar bien abiertos  los de la memoria, para recordar dónde se quedó guardado el viejo belén de antaño, el de las figuras compradas en el Caño, en la tienda de Pedro.

Porque los niños de esta historia, esos que ahora son mujeres y hombres maduros cercanos o entrados ya en los cincuenta, solo tienen que cerrar los ojos y respirar hondo para sentirse al momento correteando por las calles de esa otra Navidad.

 

sábado, 17 de diciembre de 2016

La Iglesia nueva: crónica de un afán (tercera y última)




El 29 de julio, en reunión de la Comisión Pro-Nueva Parroquia, se acuerda trasladar el Culto hasta la Cooperativa espartera El Señor de la Vida –donde por cierto, fue bautizado este narrador el 7 de noviembre de 1965-. También se decidirá el comienzo de la demolición de la Parroquia, para lo que era urgente buscar un contratista. El motivo de acelerar la obra no era otro sino el de hacer fuerza en base a una estrategia de hechos consumados; la visita de don Camilo era inminente.

    El 28 de octubre, alcalde y párroco se presentan en Madrid, previa audiencia concedida por el señor ministro. Don Pedro escribirá en el diario la siguiente entrada: Eran las once del siguiente día cuando pasamos al despacho. No podemos ocultar la feliz entrevista y acogida que nos dispensó. Seguidamente el Señor Alcalde le exhibe ciertos reportajes del pueblo y obras en marcha y proyectos futuros. Como anillo al dedo, el Señor Ministro en la charla sostenida nos habló de la vetusta Iglesia que tenemos y su mal estado. Se le dice el objeto de la visita: sobre el proyecto que ya estaba en la Dirección General de Arquitectura. Prometió su recomendación al Señor García Lomas, y si éste no cuenta con su total, yo recurriré dijo a estos cajones que me rodean. Acepto el “Padrinazgo” y cuanto pudiera ser grande para el pueblo.

                                  

  
Bendición de la nueva parroquia de Nuestra Señora de la Paz el domingo 12 de junio de 1966 por el Prelado de la Diócesis don Félix Romero Menjíbar.
A partir de este momento se suceden cartas de ida y  de vuelta en las que se van entrecruzando contratiempos con avances y decepciones con alegrías. Y en mitad de aquel remolino endiablado, justo en su epicentro, el cura Ortega Campos anota cada detalle fecha por fecha, momento por momento, protagonista por protagonista, como si al encerrar aquella vorágine de acontecimientos en su diario, pretendiera amansar su corazón y alimentar su ánimo. 

    Durante los días 30 y 31 de marzo, y 1 de abril de 1964, se celebró el solemne triduo con el que se despedía a la vieja Parroquia. Todavía quedan hoy feligreses que recuerdan con emoción aquellos días; cuando  don Pablo Martín de la Sierra y don Antero Hurtado regresaron a Bélmez de la Moraleda para despedir junto a Don Pedro a su vieja e inhóspita, pero querida, Parroquia. Tras la celebración religiosa, personas de todas las edades, “con radiante gozo y alegría fregaban por última vez sus vetustos suelos, y en cuyo seno fueron engendrados para Dios, en el Bautismo, unos 18.000 nacidos. ¡Adiós! ¡Parroquia querida!” .Don Antonio Fuentes León, natural y vecino de Bélmez de la Moraleda, sería el encargado de desmontar la vieja Iglesia por un total de 35.000 pesetas.

    El día 27 de abril, durante el acto de concesión del título de hijo adoptivo a don Camilo Alonso Vega, toma la palabra don Pedro Ortega Campos. Ante su Parroquia destruida, y dirigiendo su mirada hacia el ministro, le dice:

-Tú eres ministro de España, y yo también soy ministro, “un ministro de Cristo”…

    Cuando llegó su turno, don Camilo parecía emocionado:

-Yo os aseguro que vuestra Iglesia será una realidad tan pronto como las circunstancias lo permitan… porque yo necesito mucho que pidan por mí.

     El 15 de octubre de 1.964 se recibe la gran noticia: el Ministerio de Hacienda ha aprobado las obras en la cantidad de cuatro millones y medio de pesetas. Ese fue el montante final de la obra, sin contar con el solar y la Casa Consistorial que donó el Ayuntamiento, además de las más de 400.000 pesetas que el pueblo aportó en donativos. Esta cantidad sirvió para financiar el coste del nuevo cuadro del Señor de la Vida, obra del pintor Tamayo, así como para hacer frente a la compra de bancos para la Iglesia, lámparas, mobiliario y otros enseres necesarios en una Parroquia.


   
  El último día de octubre sale publicada la subasta de las obras en el Boletín Oficial de la Provincia.

-Hay que hacer algo ruidoso para que lo sepa el pueblo.

    Le profería alterado el alcalde al señor cura, mientras lo zarandeaba como a un pelele.

-Pues nada mejor que unos cohetes, que tan buen resultado dan a falta del habla de las campanas.

     Y de inmediato, don Miguel ordenó quemar dos tracas en el mismo solar de la vieja Parroquia, y al disparo de las salvas de los cohetes, el pueblo se congregó poco a poco en torno a la noticia.

    Conforme se hizo de noche, la muchedumbre se  disolvió en un dulce azucarillo con regusto a felicidad. En torno a una hoguera improvisada con tablones y ramas, el cura y el alcalde, acompañados ya por muy pocos, aún continuarían desgranando su euforia y sus planes hasta bien entrada la madrugada.

    Después de algunos contratiempos, el 25 de enero de 1965 dan comienzo las obras a cargo de Contratas Jurado con sede en Madrid. El proyecto final es obra del arquitecto don José Soler del Río, con una estructura moderna y funcional que admite un aforo de unos trescientos feligreses sentados. Encima de la marquesina de la fachada principal, sobre el muro de la pared que da al campanario, un Sagrado Corazón en pasta de piedra de dos metros y medio vigila la plaza desde su altura. Las obras se darían por concluidas a mediados de mayo de 1966.

    El día 11 de junio, víspera de la solemne inauguración de la nueva Parroquia, se produce el traslado bajo palio del Santísimo desde su exilio de la Cooperativa espartera hasta su nueva casa. El día 12 de junio de 1966, todo estaba preparado en las gradas de la puerta principal de la nueva Iglesia, y hasta se habían trasladado a Bélmez equipos de radio y televisión para inmortalizar el momento. Don Pedro estaba exultante delante del micrófono, y tras dar la bienvenida a todos, se dirigió al ministro: “…Cuán muestra tenemos que vuestra promesa quedó hecha zanja, piedra, ladrillo, arte e Iglesia, de ahí que, juegue en mi imaginación la comparación según la cual este pueblo es para ti tu Tiberiades, escenario de muchos trabajos del Señor; pero también quisiéramos que fuera tu Betania, espacio de silencio y descanso a la vista de que tu celo por él no cae en el vacío…”

    En su álbum había colocado una fotografía de la Iglesia antigua junto a otra de la recién terminada, ambas unidas por una paloma del Espíritu Santo, que el propio cura dibujó. Debajo, se pueden ver las firmas del párroco y el alcalde junto a la del ministro en un trazo grueso de tinta verde, como dándole un toque familiar, casi irreverente.

7 de noviembre de 1965: bautizo del autor del presente texto en el templo provisional de la Cooperativa Espartera El Señor de la Vida.

    No ha resultado  difícil narrar estos hechos. Sólo había que seguir el relato apasionado de su protagonista principal: el cura Ortega Campos. Ahora ya comprendo por qué el 7 de noviembre de 1965 no me pudo bautizar, y lo hizo en su lugar don José Sola LLavero, párroco de la vecina Huelma. Leyendo su diario, la verdad es que tenía una agenda muy ocupada aquellos días, pero en serio que ha sido apasionante descubrir a don Pedro, admirarse por su entrega y enamorarse de la lírica de su prosa.

    Muchos de mi generación –los que tenemos año arriba o abajo, la misma edad que nuestra Parroquia- aquí hemos sido bautizados o casi, recibimos nuestra primera comunión, ayudamos como monaguillos o cantamos en el coro, fuimos confirmados, nos casamos… Por lo que a mí respecta, toda mi infancia y adolescencia la he vivido al lado de esta Iglesia ya madura, como yo. Y aunque no pueda acordarme de don Pedro, sí que recuerdo a muchos curas posteriores. Que le pregunten a don Antonio Molina Contreras, cuando tenía que regalarnos aquellos globos con el anagrama del DOMUND para que le dejáramos preparar la homilía.

    Y qué contar de don Martín Fernández Hidalgo con el que fuimos acólitos, pertenecimos al Movimiento Juvenil Parroquial, jugamos al futbol con equipaciones de verdad –las camisetas del Madrid o del Barça resultaban prohibitivas para un niño de los 70-, e incluso viajábamos por toda Andalucía; su colección de películas de “súper ocho” son el más fiel testimonio de todo ello.

   
Por otra parte, don Martín sería una de las primeras personas que alentó mi afición a la escritura, aconsejándome y prestándome libros. Yo le estoy muy agradecido por lo de entonces, y por lo de ahora, pues su libro “Bélmez de la Moraleda en sus Documentos” ha sido crucial para que este “junta letras” no se haya perdido mucho por todos estos acontecimientos.

   Y no podemos olvidarnos de don Antonio Gijón Cortés. Quién no lo recuerda ejecutando en el armonio aquellas partituras de Schubert, Mozart, Bach… músicas sacras que descendían en un vuelo quedo y etéreo desde las alturas del coro hasta nuestros profanos oídos; o formando tándem con don Martín, para firmar juntos ese  himno al Señor de la Vida que tanto nos emociona. Y el aguante que tenía con el coro, con la rondalla, con los villancicos…  

     Por todo ello en definitiva, y todo lo que ha venido después y que sería interminable relatar aquí, sólo queda felicitarnos por estos cincuenta años de ferviente y fructífera  actividad de esta comunidad alrededor de su Parroquia y desear que vengan muchos más bajo el amparo y la guía de Nuestro Señor.  

viernes, 9 de diciembre de 2016

La Iglesia nueva: crónica de un afán (segunda parte)



 

    Después llegó don Alberto Pagonabarraga Gastelu-Urrutia, hombre de carácter fuerte y testarudo. Trabajó con ahínco fomentando el asociacionismo religioso, dándole un impulso renovado y definitivo a la Hermandad del Señor de la Vida, que hasta entonces languidecía en una deriva triste e incierta. Aquel cura recio, como buen chicarrón del norte,  se empleó  con el mismo ímpetu y pundonor con el que hubiera talado troncos, levantado piedras o tirado de bueyes. Bien conocido fue su celo por apartar a los feligreses del amancebamiento e inculcarles el respeto por las fiestas de guardar. Más de un joven de la villa se llevó una mascada a mano abierta de don Alberto, por no ir a misa un domingo. Cincuenta y tantos años después, todavía hay quien no ha olvidado aquella manaza abarcando toda la cara y aquel zumbido metido en los oídos todo un día.      
   

    Mientras, el destartalado templo se iba deteriorando año tras año sin que nadie le pusiera remedio, y cuando don Pedro Ortega Campos sustituyó al “Vasco” el 5 de agosto de 1962, su demolición parecía del todo irremediable. La construcción de una nueva Parroquia iba a marcar sin duda la estancia del reverendo Ortega Campos en Bélmez de la Moraleda.

     La mañana del 17 de agosto, don Pedro apenas llevaba unos días en su nueva parroquia. Salió del templo con determinación y se dirigió hacia el Ayuntamiento. Antes de que nadie lo  pudiera impedir, el alcalde Miguel Montabes se encontró con su rostro sonriente y decidido al otro lado de su mesa. 

-Alcalde, la iglesia se nos va a caer encima. Hay que echarla abajo.

    Montabes lo miró con gesto serio, mientras arqueaba exageradamente la ceja derecha, escrutando las facciones de aquella cara aún desconocida, pues sólo habían coincidido durante la ceremonia de toma de posesión. La mirada fija y penetrante del edil empezaba a incomodar al cura, hasta que por fin se dispuso a hablar.

-Echarla abajo y hacerla nueva, ¿no?...

    A partir de aquel momento entre ambos surgió una  fuerte e inequívoca conexión que les llevaría de puerta en puerta, de despacho en despacho y de obstáculo en obstáculo, hasta la construcción de una magnífica y moderna Parroquia, cuyo coste estimarían aquel día a groso modo en un millón y medio de pesetas.                 

    Don Pedro, aparte de persuasivo y machacón, era una persona muy meticulosa y ordenada, por lo que decidió  llevar  un diario pormenorizado de todas las peripecias que acontecieran durante el proyecto; las continuas visitas a personalidades e instituciones, la consigna de dotaciones y de donaciones, los plazos de la construcción del templo, además de los pormenores de su solemne inauguración.

   Durante el mes de septiembre, en sendas reuniones de la Comisión de Festejos, la descabellada idea del nuevo presbítero, aunque inmediatamente auspiciada y alentada por el alcalde presidente del Concejo, es discutida de manera acalorada, encontrando el eco favorable en todos sus miembros. Se aprobó el establecimiento del gravamen de todos los espectáculos previstos para las fiestas, lo que en términos contables se vino a traducir en la nada despreciable cantidad de 14.068 pesetas. Sólo era el comienzo.

    El 21 de aquel mismo mes, fueron recibidos en audiencia por el señor Obispo, quien se mostrará a favor con sus pretensiones, ofreciendo para la causa 25.000 pesetas. Además, les sugiere que recurran a la Dirección General de Servicios Técnicos, alegando el asalto y los desperfectos  sufridos por la Iglesia durante la guerra.

    En el programa de las fiestas, apareció un artículo de toma de conciencia con el que se pretendía provocar la conjura de todo el pueblo. El entusiasmo se extendió entre la población como una enfermedad contagiosa y así lo fue anotando el cura en su diario, vecino por vecino -enfermo por enfermo- sin perderse el apunte de ninguna aportación por muy humilde que ésta fuera: las inscripciones del tiro de pichón, las 100 pesetas que dio el ganador, la promesa de un regalo de entre 2.000 y 3.000 pesetas por un particular, las 500 de otro, las 50, las 25, las 5… hasta iniciativas como la de don Luis de Castro, propietario de la finca Los Alijares, que ofreció 10 céntimos por cada kilo de aceituna de su cosecha, dinero que adelantaría en un momento en el que urgió la liquidez. El 24 de noviembre, ante los razonamientos mitad elocuencia, mitad euforia del alcalde Montabes y del cura Ortega, el resto de cosecheros del pueblo aceptan gustosos esas mismas condiciones, a las que se unirían después otros notables propietarios, como don Diego Raya. Para que el compromiso adquirido por los olivareros fuera eficaz, los fabricantes recibieron carta circular para que retuvieran el importe acordado a cada uno de los particulares. Además, se pautaron visitas de control a los molinos por parte de la Guardia Civil.

    También por aquellos días hubo reunión con todos los establecimientos de bebidas, para comunicarles la entrada en vigor de un impuesto sobre el vino desde el primer día de enero. Tan sólo uno de los taberneros de la localidad está en disconformidad con la manera de recaudar su cuantía, pero la capacidad persuasiva de Don Pedro le hace entrar en razón, tras no pocas discusiones y quebraderos de cabeza.

    El 29 de noviembre el alcalde iba a ser recibido por el ministro de la Gobernación. En la sala de espera, Montabes rememoraba la conversación mantenida con don Camilo Alonso Vega hacía justo dos años, cuando se le entregó el título de Alcalde Honorario en Bélmez, distinción que se le hizo en agradecimiento por la celeridad en su actuación durante las inundaciones ocurridas en abril del 58, cuando varias casas de Las Cuevas se derrumbaron, dejando familias sin hogar y en la mayor indigencia. Entonces don Miguel aprovechó la ocasión para relatarle al ministro todas las carencias y necesidades de nuestro pueblo. De pronto, delante de la escalinata de la Iglesia, Alonso Vega lo interrumpió, y agarrándolo del brazo con firmeza se volvió hacia el templo y le dijo:  


-Pero también habrá que hacer una Iglesia digna.

    Cuando tras ser recibido telefoneó a Don Pedro, éste daba saltos de alegría.

-Don Camilo me ha dicho “que tuviéramos firmeza y seguridad de que en Bélmez de la Moraleda será un hecho la nueva Parroquia”.

    Sin embargo, el 3 de marzo de 1.963 se recibe en el Ayuntamiento  una desalentadora carta del ministro:

    Señor alcalde y cura párroco de Bélmez de la Moraleda. Mis queridos amigos. Acuso recibo de la suya del 16 de enero, en la que me ofrecían ustedes la Presidencia de Honor de la Comisión Pro-Construcción Nuevo Templo Parroquia. Con mucho gusto acepto tal Presidencia, pero no pueden ustedes dejar de estar informados de que las recientes inundaciones y demás catástrofes meteorológicas que sufrió nuestra Patria, muy intensamente en diversas regiones, van a dificultar considerablemente las aportaciones estatales a otros fines que no sean los que tiendan a aliviar los males producidos y reconstrucción de los elementos fundamentales y auxiliares de riego en las zonas que quedaron destrozados. El momento no es pues demasiado oportuno, pero todo se puede lograr con la ayuda de Dios, y si las llamadas a las puertas de quien puede, no son correspondidas con la apertura de éstas, se queda en turno para poder ser abiertas en la primera ocasión. Con mis deseos de la máxima eficacia en sus gestiones y la mayor fortuna para la misma saben es suyo bien amigo:  

                                                                                                               Camilo Alonso Vega

    Lejos de desmoralizarse, nuestros protagonistas tomaron nuevos bríos y continuaron en su empeño. De momento, presentando instancia al Director General de Arquitectura donde se razonaba la solicitud de ayuda económica. Cursan además en la misma fecha, una misiva a don Luis de Lamo Peris, en esos momentos Capitán General de Cataluña, además de socio capitalista del alcalde Montabes en la fábrica de conservas vegetales, que desde 1957 había venido a revitalizar la maltrecha economía de Bélmez. Presto, don Luis se pone manos a la obra para hacer valer su inestimable influencia.

    El día 10 de mayo se escritura ante el notario de Jódar la casa colindante adquirida para la ampliación de la Iglesia, aunque a don Pedro y a don Miguel le costó Dios y ayuda, o más bien la ayuda de Dios, para convencer de su venta a la dueña del inmueble. Y así, tras varias visitas y mejoras en el precio, se consiguieron los dos metros ochenta centímetros que se necesitaban agregar a la nueva Parroquia.

-Por tratarse de una cosa de Dios, lo haré. Dijo la señora.

-¡Que Dios se lo pague! Sentenciaron el alcalde y el párroco.

    Y nuestra pareja prosiguió inmune al desánimo. El 4 de julio son recibidos en Jaén por el Gobernador Civil, quien les ofrece una dotación de 200.000 pesetas, aunque para que dicha promesa no se la llevara el viento, Don Pedro se la iría recordando al señor Gobernador en repetidas visitas y llamadas telefónicas. Al final, quedaría reducida a 150.000 pesetas a entregar en dos fases. Por su parte, informado de los contratiempos económicos, el arquitecto López Rivera regaló los derechos del proyecto, mientras que don Miguel Montabes consignaría 100.000 pesetas a reportar por el Ayuntamiento.

    Tampoco se podía descuidar la ayuda divina, por lo que el 20 de julio, don Pedro invita a autoridades y jerarquías a que se unan a los feligreses para elevar preces ante la Patrona y el Señor de la Vida:

Oh Dios, que con piedras vivas y escogidas

Preparas a tu Majestad un templo

Para morar en él para siempre:

Dígnate auxiliar a tu pueblo suplicante,

Y al acrecentarse tu Iglesia en espacios materiales,

Se aplique con aumentos espirituales:

Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.

SEÑOR DE LA VIDA, DANOS UNA PARROQUIA NUEVA.

MADRE INMACULADA, RUEGA POR NUESTRA PARROQUIA.
 

De Despedidas y otros contratiempos