El almecino

Historias y semblanzas sobre las gentes que hicieron, hacen y harán Sierra Mágina

lunes, 28 de agosto de 2017

Por fin la lluvia



E
sta tarde habrá tormenta; de repente, un perfume mohoso ha venido a bailar con mi alma. En la plaza, un remolino de hojas y polvo se rebrinca a mi reja, mientras a lo lejos, una carraca de truenos anuncia tu inminencia.

Te estaba esperando, y me dejo hacer por eso, como si me hubieras sorprendido, como si ya no recordara aquel temblor de tu beso mojado y deshecho. La tierra agrietada demanda con fervor tu húmedo consuelo, pero apenas le alivia este baldeo de tejados, este leve espurreo por  las flores de mi macetero.  

Poco duró tu resuello, que casi ni nos dio el tufo fresco de tu hálito, pues todos los pájaros de Mágina se volvieron de nuevo hasta su álamo gordo y frondoso, hasta su árbol guarida, donde las gentes del pueblo cobijan cada día sus parlamentos sin hilo, sus conversaciones sin prisa.

Al poco, cuando aún no se han acomodado las últimas avecillas renegridas, el megáfono de un trueno los vuelve a espantar, y una lluvia de pequeñas cagadas lo enzanaga todo. “Que todavía no me he ido, que aún tenemos que conversar”, me dices, mientras te vas regresando, primero en un murmullo, que después se hace grave y grueso, repiqueteando en los cristales tu canción que anunciara lo bueno de nuevo.      
Lugar en Bélmez llamado "El Parlamento"

sábado, 26 de agosto de 2017

Reencuentros al fresquito del Pozo




Y
a han perdido la cuenta desde cuándo, pero el caso es que, un año más, ahí están las tres; en su mesa de las confidencias,  arrimando su animosa conversación  al fresquito del Pozo, celebrando, desde un rincón del Nacimiento, como siempre con discreción, con prudencia, el triunfo de una amistad que se remonta hasta la infancia, a prueba del tiempo y a pesar de las distancias. Y probablemente así habrían permanecido, escondidas y anónimas, de no haberse cruzado con mi impenitente curiosidad, ávida de historias y vivencias que acercar a la sombra redonda de mi almecino.

De siempre las recuerdo, como ahora, hermanadas por un hilo fuerte e invisible que las ataba con un conjuro de lealtad inquebrantable, quién sabe si porque nunca bebieron los vientos por el mismo niñato insensible con cara de bobo y  cráteres de acné. El caso es que las envidiaba, pues era incapaz de descifrar el encriptado de sus gestos, el sentido de sus palabras o la intención de sus miradas, y por mucho que me empeñara en rondar su compañía y también su amistad, nunca logré dar con el secreto de tanta confidencialidad. Pensaba incluso, que había que ser mujer para comprender aquel idioma cargado de fraternales sutilezas.

Me he acercado a ellas, confieso que como entonces, temeroso e indeciso, a pesar de que mi cara, mis gestos, mis palabras, parecieran transmitir toda la confianza del mundo. “¿Os importa que me siente?” Y como si uno de estos años estuvieran esperando mi llegada, me han hecho un lugar en su mesa de tres esquinas. Nos hemos preguntado por los maridos y por la esposa; por los logros de los hijos y por los hijos-libro que por fin se van logrando; por los recuerdos y por los olvidos; por los besos y los desencuentros; por lo que quisimos ser y lo que aún ansiamos conseguir…

De pronto, he caído en la cuenta: estaba hablando el mismo idioma, con los mismos guiños, con las mismas claves que ellas. Las entendía y  ellas comprendían por completo todo lo que de mí salía, hasta cuando me pavoneaba, un poco por saberme el único gallo a la vista, claro. Entonces, mientras ellas hablaban de juntarnos un año de estos todos los de la clase, las he observado silencioso y divertido, recreándome en la belleza serena, aunque tan distinta de cada una de ellas; la sonrisa grande e infantil que aún perdura en la una; la mirada firme y enigmática que sigue caracterizando a la otra; el rubor, casi imperceptible con que la tercera consigue llenar esta tarde de encuentros… Quizá el año que viene, aunque no me hayáis invitado, nos volvamos a ver.  

miércoles, 23 de agosto de 2017

Una mosca de pueblo



R
ecuerda cuando eras una mosca de pueblo, una mosca grande y negra con reflejos verdosos, merodeando el culo y los ojos de los mulos, las pupas y las ronchas de los  niños y los moños y los lutos de las  viejas. Una mosca fastidio acampada en el pan con aceite y azúcar, una mosca incordio, que reincidente zumbaba de mi mano a su espalda y de su nariz a mi pie, impidiendo una vez y otra aquella siesta que, bajo llave, la abuela nos obligaba a cumplir.

Y revives aquellas imágenes en las incontables celdas de tus ojos, cuando, aprovechando las picaduras de los pájaros, succionabas golosa una cereza, una breva, una pera sanjuanera…y luego los higos, y para otoño las uvas y hasta un caqui palosanto, por los Santos. Pero también te frotabas tu boca con las patas,  distraída y ufana sobre una plasta hedionda y caliente, recién amasada en los cuatro estómagos de una vaca. O te pasabas las horas muertas golpeando tu cabeza contra el cristal de la alacena donde mi madre ponía los alfajores, los mantecaos pobres, las tortas de chicharrones…


Sé que lo añoras, como a veces yo también añoro tus bocados, tu lata, tu joroba en mi cuerpo desnudo, solazado contra el suyo en aquellas noches de alberca, o de pajar, o retozando en la cuadra. Noches con la banda sonora de tu zurreón  -de tu connatural mosqueo de mosca- apagando los susurros, amortiguando los roces, silenciando los besos.


   


domingo, 20 de agosto de 2017

Tomasillo de Sarapio



S
i la vida y sus circunstancias me lo permiten, la noche del 19 de agosto, a las once y media aproximadamente, servidor dirige su trasero hasta el Parque del Nacimiento para escuchar el pregón de fiestas. Desde aquí quiero reivindicar este acto, pues sea más o menos del agrado de cada cual el pregonero, el momento nos suele abrir delante mismo del Pozo de la Moraleda una puerta perdida del Ministerio del Tiempo por la que viajamos por la historia de Bélmez y  por la intrahistoria de cada uno de nosotros. Insisto, altamente recomendable para quienes gustan dejarse emocionar con el recuerdo y matricularse año tras año en Ciencias de la Vida, ya sea en un curso puente o en un posgrado –absténganse quienes busquen cursillos acelerados-.

Particularmente, mi relación con el pregonero de este año, Tomás Martín Fuentes, ha pasado por mejores tiempos, de ahí que este ejercicio de regresión sobre su vida que nos hizo desde el escenario de la verbena, sirvió también para recordar, por así decirlo, mi relación con Tomasillo Sarapio.

Tomás Martín Fuentes, pregonero 2017
Oír a Tomás hablando de aquellos juegos infantiles como ramalico caliente, el pañuelo, piola, zurreón… nos llevó anoche hasta la infancia a los de noventa, ochenta, setenta, sesenta, cincuenta, cuarenta y hasta algunos de treinta años, pero lo que a mí en particular me llevó de nuevo a mis conversaciones, anécdotas, vivencias particulares con Tomasillo Sarapio, fue su manera de decirlo, su entonación, su acento, su mirada por encima de las gafas al silabear esas palabras tan moraleas –esjarro, aivó, chá-, ahí de puntillas ante el atril, para que pudiéramos verle mover socarronamente ese cuerpo jota que Dios le ha dado y divisar su cabeza plateada desde cualquier ángulo del Parque. Ese niño grande de anoche es el Tomás que ha pertenecido a las juntas de varias generaciones de moraleos y las que le queden.

Y me vi de nuevo allí a su lado, como ya no recordaba, siendo tan chirguetero como él: bailando detrás de la banda en la diana, de soldado raso cristiano detrás de su Infante –que también hacía sus piruetas para bajarse del caballo como el que más-, jaleando como un loco un quiebro suyo por la banda –porque aunque él sea del Baça hasta la médula, su juego tenía ese corazón y esa garra que le ponía Juanito a lo del balón y a lo de la vida-.

Pero Tomás, lo que ya no recuerdo es porqué nos distanciamos, porqué algunas veces nos evitamos. Ni tampoco creo que sea importante ahora; nos pasa con mucha gente a ti, a mí y a todos. Lo que importa ahora y me ha hecho levantarme temprano tras el trasnoche, es la puerta del tiempo que para el susodicho Ministerio encontraste en tu pregón: la puerta de nuestro reencuentro. Gracias Tomás por recordarme nuestros momentos, por esjarnatarte vivo, porque así eres tú, puro corazón para lo malo… y para lo bueno, por supuesto.
 
Isabel y Tomás, compañeros de Comunión
Solo por ponerte un pero, como el aprendiz de historiador que soy, me hubiera gustado que hubieses hablado también de cómo aquel muchacho llamado Serapio, oriundo de una familia castellana, concretamente de Ávila, terminó enamorándose y después casándose con la Ramona de Seisdeos. Pero seguro que me lo terminarás contando, pues no se me ocurre mejor excusa para que tú y yo nos hablemos de nuevo.    

miércoles, 16 de agosto de 2017

Aquellas noches jóvenes en el Zurreón



H
ojeo el programa de fiestas, hasta que me detengo en las letras negritas y mayúsculas que me marcan el martes 15 de agosto. Leo:

“01:00h.- NOCHE JOVEN EN EL ZURREÓN con 11000w de sonido, iluminación robotizada, efectos, confeti, el mejor reggaetón con Nico dj  y los temas más movidos con Fran Ramírez dj. Cañón lanza camisetas, animación con bailes de ritmos latinos, gogos, escupe fuegos, zancudos caracterizados y numerosas manualidades en el Parque del Nacimiento.”

Para encontrarme con mis últimas noches jóvenes en el Zurreón, tengo que remontarme veinticuatro años atrás. Siempre he pensado además, que nada tenían que ver con las de ahora, como si la juventud que yo viví, por ser la mía, se mereciera más honores y títulos: la más gamberra, la más auténtica, la más mejor y a la vez la más peor de todas.

Aquellas noches jóvenes del Zurreón de 1993 también tuvieron por fin –aunque fotocopiado- su programa de mano, o más bien de botella, pues esa era la forma de su estructura: una botella, un botellín de cerveza en el que se desplegaban una serie de actividades a desarrollar entre los días 19 y 22 de agosto. Por supuesto, aquel era el programa de fiestas de “El Botellín”, que comenzaba con “ciertas normas de conducta que han de distinguir” a sus miembros:
Cara A del programa de fiestas de El Botellín

1ª.- Un castillo no es tal, si no llevas la camiseta de la Peña, como signo del orgullo que sentimos por ser miembros de ella.
2º.- Es recomendable, que no quiere decir obligatorio, salir a la ligá del mediodía con la camiseta de la Peña.
3ª.- A quien se plante en medio de la ligá, un buen capón le hará escarmentar.
SOCIEDAD AMIGA DEL BOTELLÍN TERTULIERO, FESTIVO Y DESENFADADO”.

Y sin más, proclamamos aquellas fiestas de Bélmez´93 como las de la “Buena Follá” con un “saludo a los hermanos y hermanas, al pueblo de Bélmez, visitantes y público en general”, que decía sí:
“Desde el vidrio acaramelado de nuestro barrigudo y rechoncho botellín, conjuramos a los buenos sentimientos, a la alegre espumilla y a los duendes festeros, para que la buena follá destierre en estos días a la mala jindama y a la tontería, a la envidia y a la habladuría. Que chirguetear sea en definitiva y en el buen sentido del término, VIVIR LA FIESTA DE NUESTRO PUEBLO.
Bélmez de la Moraleda –agosto de 1993- PUEBLO ABIERTO AL MUNDO:
                                                        La comisión fundadora.”

A partir de ahí se iban desgranando todos los actos previstos para aquellas fiestas donde, por segundo año consecutivo, el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda ignoraba las reivindicaciones de la juventud, ninguneando así la fuerza de la osadía, el poder de convocatoria que puede llegar a tener la desfachatez, el efecto revitalizador que puede ser para un pueblo el hecho, simple en sí, de alegrarse porque sí, porque estás vivo. Ahí es nada.

“Día 19.
00:00 horas.- Asistencia al castillo de fuegos artificiales que viene a principiar tradicionalmente las fiestas de Bélmez de la Moraleda. Se hará vistiendo la camiseta de la Peña con alegre disposición de todos sus miembros.
2:30 horas.- Elección de “mama biscúter” y de “papa litrona” entre los integrantes de El Botellín, quienes tendrán el honor de presidir todos los actos de la Peña, durante la temporada 93/94, hasta nueva elección en las próximas fiestas.
4:00 horas en adelante.- Gran olla de ponche y tradicionales migas festeras de la Moralea para los miembros de la Peña, amenizada la velada por la extraordinaria ORQUESTA BOTELLÍN y su “concierto desafinado para guitarras de palo”(NOTA: si esta primera noche no echamos los músicos al pilón, puede que actúen las siguientes).
Día 20.
2:30 horas.- Música, bailes y divertimentos en el lugar del Zurreón.
4:00 horas en adelante.- Cucañas de la “buena follá” con  divertidos juegos como el “culo-duro”. A continuación si el cuerpo aguanta, migas festeras y ponche.
Día 21.
2:30 horas.- Más música, más baile y más diversión en el lugar del Zurreón.
4:00 horas en adelante.- “Cantafácil” para todo aquel que desee demostrar sus cualidades artísticas (y que sea de la Peña), acompañados por la ORQUESTA BOTELLÍN. A continuación que no falten el ponche, las migas ni gloria bendita.”
Cara B del programa de fiestas de El Botellín

Aquellas noches jóvenes del Zurreón no eran ni mejores ni peores que las de ahora. Aquella juventud bebíamos igual o más que la de ahora, fumábamos igual o más que la de ahora, impedíamos con igual desconsideración el descanso de los vecinos, aunque eso sí, aquellas noches jóvenes del Zurreón se celebraban de verdad en el Zurreón –y no en el Llano, que es ese lugar al que ahora llaman Zurreón-. No cumplimos muy bien con nuestro “autoprograma”, aunque añadimos actividades insospechadas en un principio, como los baños nocturnos en la piscina del Zurreón, elección de miss Bélmez de la Moraleda 1993 y una charla que denominaremos “interesante” con el alcalde Amando Moreno Hermoso, de la que hablaré en alguna otra ocasión.

La intensidad de aquellas últimas noches jóvenes del Zurreón fue tal, que ni siquiera recuerdo que hubiésemos previsto los siguientes actos para el último día de fiesta:
“Día 22.
2:30 horas.- ¡Que no pare la música! Y cursillo de socorrismo en el pilón.
4:00 horas en adelante.- Gran actuación en la obra cómica “El barbero de Sevilla” por los ilustres miembros de la Peña, Luis el Aparato y Pedro Kiki. Por último todos cantaremos el “S´acabó el Botellín”, que se nos hará más digerible con las últimas migas y los apures del ponche”.

Felices Fiestas 2017.
  

De Despedidas y otros contratiempos