El almecino

Historias y semblanzas sobre las gentes que hicieron, hacen y harán Sierra Mágina

sábado, 26 de noviembre de 2016

Corazón de papel

Arriba, a la izquierda José Díaz Vargas, al lado Pedro Chamorro Díaz y el que está en cuclillas, Diego Ríos Ríos. La quinta del 75.

Estos son los días del vértigo. Estos son los tiempos de la sobreinformación, del todo vale, del nada es verdad, de la plaza pública de la red convertida en escenario de linchamientos, de escarnios inquisitoriales, de juicios sumarísimos. Y uno, que ya tiene cierta edad y se ve cada día con menos fuerzas para no zozobrar entre la turbulencia del desencuentro, busca la paz sin desfallecer en mitad del saturado océano.
Así es como yo di con vosotros, como viniendo desde lejos, huyendo de los otros, me encontré a la vuelta de un clic con los míos. Y compartimos fotos, pensamientos, recuerdos, semblanzas. Nos identificamos los unos a los otros, nos adivinamos, nos descubrimos, nos dijimos lo que nunca habríamos pensado que seríamos capaces de decirnos cara a cara ¿o quizás sí?
Así fue como la mayoría de nosotros compartimos, identificamos, adivinamos y descubrimos a Diego con sus recuerdos en blanco y negro, con sus semblanzas de aquella Bélmez de los sesenta y setenta, con sus pensamientos llenos de amor y cariño por su pueblo, por sus orígenes, por sus amigos de la infancia y de la juventud.
Yo solo conocía de vista y de lejos al Diego Ríos de los setenta, cuando yo era un niño y él un joven barbudo a veces, bigotudo las más, cuya pasión por la música era evidente y le rebosaba por los cuatro costados. En este último año, este invento del demonio me ha permitido acercarme al Diego Ríos maduro que se agarraba fuertemente a sus convicciones políticas y a sus anhelos de moral, justicia social, humanidad en suma, para soportar el vértigo, la vorágine de estos tiempos nuevos, tiempos salvajes. Pero sobre todo se agarraba a su sueño, a su pasión, a su música. Como veis, muchos puntos en los que converger o divergir, pero sobre todo dialogar, conocer y respetar. 
Hace unos días Diego me mandó por privado una canción de su cosecha, "Corazón de papel". Es una canción que identifica perfectamente su estilo de cantante melódico, con su voz profunda y serena con su historia de desamor con aires de ranchera muy bien estructurada en torno a un estribillo potente. Eso es lo que le dije a Diego sobre su canción, y que me había gustado mucho.  Lo que ya nunca podré decirle es que no estoy de acuerdo con su letra, porque son los autonombrados perdedores como él, los verdaderos superhéroes con su escudo de perdón y con sus rayos de amor contagiándonos a todos. Gracias amigo Diego, por todo lo que de ti aprendimos durante este breve tiempo en que coincidimos. ¡Hasta siempre! 

sábado, 19 de noviembre de 2016

De cómo el diputado Foronda se convirtió en benefactor accidental de la banda municipal de música

Banda histórica de Bélmez de la Moraleda. Director: Sebastián Valero Jiménez
La primera banda municipal de música en Bélmez de la que se tiene constancia documental, data del año 1919. Aquel mes de julio, un grupo de vecinos muy interesado en su creación y comandados por el sochantre -director del coro de la iglesia- don Crisanto Díaz, verdadera alma mater de esta empresa, se dirigió hasta el Ayuntamiento de la villa con su petición, donde fueron recibidos de muy buena gana. El Consistorio ofreció una ayuda de quinientas pesetas, que junto a otros dineros aportados por los músicos, constituyeron caudal suficiente para acometer la empresa. Así que, ni corto ni perezoso, don Crisanto, acompañado de algunos de sus músicos, se encaminó hasta Peal de Becerro para tal fin, pues se habían enterado de la puesta en venta de los instrumentos de una banda que se había disuelto en dicha localidad.

Bandas históricas de Bélmez. Director: Jose María Fuentes Latorre
Ahora bien, aquella nada despreciable para la época aportación de quinientas pesetas había de ser justificada en el presupuesto municipal, mas resultaba del todo imposible por la notoria precariedad por la que atravesaban aquel año las arcas municipales; el capítulo de imprevistos y otros estaban agotados desde hacía ya bastantes meses.

A primeros del año anterior, recién elegido don
Bandas históricas de Bélmez. Director: Antonio Gijón Cortés
Mariano de Foronda y Villamarín, del partido Liberal, diputado a Cortes, decidió en agradecimiento hacer un recorrido por todos los pueblos que integraban el distrito. Si bien , al pretender acceder en automóvil hasta Bélmez, hubo de desistir por lo dificultoso que se encontraba el camino desde la carretera. Sí pudo hacerlo hasta los Alijares donde, reunido con la Corporación municipal, el anfitrión don Luis Ledesma y otros notables de la población "ofreció a todos los allí reunidos su deseo de que este pueblo se pusiera en comunicación con la carretera, por medio de un camino vecinal, para cuya construcción ofreció de su peculio particular mil quinientas pesetas, ya que por ser tan corta la la distancia se calculó en aquel momento que con dos mil pesetas se podría hacer el camino"(Actas Municipales, 26 de mayo de 1918).   


Bandas históricas de Bélmez. Director: Antonio Fuentes Rodríguez
Añadió el señor diputado, que no pagaba el montante total, porque quería que don Luis Ledesma, don Donato Vélez, don Gregorio Hervás, don Antonio Fuentes y otros señores de alguna significación en el pueblo contribuyeran también, que no se dijera que solo el diputado había costeado el camino.
Pero habían transcurrido varios meses y las condiciones meteorológicas no habían acompañado para acometer las obras. Tampoco se había procedido a abonar por los demás el faltante. Además, los vecinos  habían manifestado el deseo general de que las mil quinientas pesetas se invirtieran para instalar un reloj de torre en el Ayuntamiento. 

El tiempo transcurría y en noviembre  de 1918 se vuelve a tratar el asunto en sesión municipal. Se decide entonces que se va a dar el nombre de "Paseo de Foronda"al trayecto de carretera que se va a construir desde la salida del Caño hasta los Asperones y que en tal menester se empleará el dinero.


Bandas actual de Bélmez de la Moraleda junto a costaleras, costaleros y cofrades. Directora: Beni Sánchez Sánchez
Al final también se desestimó esta idea cuando llegamos al mes de agosto de 1919 y surge la idea de formar una banda municipal de música, por lo que el Ayuntamiento decidió aportar de las mil quinientas pesetas del señor Foronda, quinientas para la adquisición de instrumentos para la banda y darle el siguiente destino a las restantes mil pesetas: reparar la escuela, arreglar el camino de los Asperones hasta el Prado de los Alijares y por último, adecentar el que conduce desde las Cuevas al Llano.

Por lo que respecta a la banda municipal, los conciertos comenzarían el 24 de junio, estableciéndose como lugares la Plaza de la Constitución y la Avenida del Puente del Arroyo o Caño, desde las 9 a las 11 de la noche, los domingos y festivos, excepto el día de Santiago, que el lugar será el Nacimiento.
(Fuente: Bélmez de la Moraleda en sus Documentos de Martín Santiago Fernández Hidalgo).

domingo, 13 de noviembre de 2016

Dios premie tu generosidad



Domingo 12 de junio de 1966.

-¡No éramos tan importantes desde que se fueron los moros de Belmez!- Le decía a voz limpia Juan a su acompañante, sin que ninguno de los dos interrumpiera su aplauso al paso de las autoridades.

     Don Camilo, acompañado de su esposa, llegó sobre las once de la mañana. Su gesto era afable, pero cansado. Durante el viaje Doña Ramona no había parado de hablarle ni un solo momento, mientras el señor ministro contemplaba las montañas maravillado porque los olivos no terminaran despeñándose de los taludes; era como si pendieran colgados de un hilo a punto de quebrarse. Los coches oficiales habían subido cansinos por una carretera que culebrea al borde de barrancos desde que deja a la derecha las ventas de La Herradura y comienza la subida a Cambil, un pueblo escondido debajo de una inmensa roca que, como un tótem altanero y henchido de insolencia milenaria, parece desafiar la gravedad. El camino continuaba montaraz hasta  llegar a Huelma, cabeza de partido judicial, desde donde se mueve descansado por la vega del Jandulilla durante trece kilómetros, para terminar solapándose entre los olivos en Bélmez de la Moraleda.

    Como era costumbre, tras el último consejo de ministros se había quedado en un aparte con Franco. Sus confidencias eran las propias de dos viejos compañeros de academia militar que se reprochan, se aconsejan, se quieren y se temen. Precisamente ese día, su amigo el generalísimo le recordó una vieja premisa militar: en años de paz no existe ninguna diferencia entre un general y su mozo de cuadras.

 -El tiempo no pasará para nosotros Camilo, pero nosotros sí pasamos para el tiempo. Y vaya que si pasamos.

-¿Esto quiere decir Paco, que por fin me vas a hacer caso y vas a elegir a tu sucesor?, ¿por fin nombrarás al principito?

- Todo a su tiempo, amigo mío, todo a su tiempo. Cuando lo tenga bien atado. Pero…de momento, aplícate el cuento tú también.

     Lo sabía perfectamente; acababa de cumplir los 77 años. Pero Franco sólo era tres años menor, por lo que no podía seguir dejando la sucesión en el aire y que las cosas cayeran por su propio peso. Por eso no había ocasión que no se lo recordara, sobre todo después del accidente de caza. Se trataba de un asunto que debía cerrar de una vez y dejarse de circunloquios gallegos.

     Alonso Vega era como un viejo guerrero de la Hispania romana; cuando Catón fue cónsul, para asegurarse el sometimiento de las ciudades rebeldes, prohibió que sus habitantes llevaran armas consigo, lo cual bastó para que gran número de hispanos se dieran  muerte con ellas. Franco comprendía la angustia de Camilo, un hombre que había nacido para la guerra y que además era el más leal entre sus adeptos. Pero también entendía a los detractores y enemigos del ministro cuando lo llamaban “Camulo”, porque su amigo era así, más terco que un mulo.

 -Te puse al mando del ministerio de la Gobernación como recompensa a todos los servicios prestados a la patria, pero no debes tomar tu cargo como una misión, sino como una recompensa. Este es un puesto para que te luzcas, para añadirle a tus gloriosas campañas militares obras civiles que lleven tu nombre, logros sociales que perduren en la memoria de los españoles en los tiempos venideros… No puedes pretender dirigir este ministerio como si aún estuviésemos en guerra o como cuando eras el Director de la Guardia Civil. Amigo mío, España y la historia te estará eternamente agradecido por convencerme para militarizar la Benemérita. Recuerda que yo me la quería cargar. Pero tú erre que erre limpiaste ese nido de rojos, los convertiste en soldados y los mandaste por los montes hasta que finiquitaron el maquis… Ahora en el ministerio toca otra música. Esto es un engranaje, una maquinaria donde todos trabajan para que los logros reviertan en ti… Todo tiene que ser como con “tu pueblo de Jaén“, ¿eh Camilo?…

-Bélmez de la Moraleda.

-Eso es… tienes que sentirte igual o más orgulloso de todo lo que en Bélmez de la Moraleda se ha hecho en tu nombre: pavimento, alcantarillas, alumbrado, escuelas, biblioteca…  igual o más orgulloso de ser su alcalde honorario, su hijo adoptivo, de que el colegio lleve tu nombre… tienes que estar tan orgulloso como lo estás de todos tus méritos de guerra.

-Este domingo por fin inauguramos la nueva Iglesia.

-Pues sólo espero que lo hagas teniendo en cuenta todo lo que hemos hablado.

-A sus órdenes, Excelencia.

-Camilo… no me llames Excelencia.  

      Avanzaba el viejo militar por las calles de Bélmez cómodo y sonriente al son del pasodoble de “Las Corsarias”. Vestía un traje gris marengo que le disimulaba su aire marcial al andar. Flotaba entre la cal de las fachadas y la frescura  florida de las sábanas bordadas que adornaban los balcones y ventanas.  Su mente planeaba entre los tejados, ajena por completo a lo que le decían Luís de Lamo Peris y el gobernador Pardo Galloso.

 -¡Viva don Camilo!
     Él respondía  agradecido, pues le pareció que le vitoreaban de forma espontánea. Eran los vivas y los aplausos sinceros de la gente llana, o así lo quería, lo necesitaba creer.

            En la plaza del Generalísimo había una  enorme pancarta que la cruzaba a lo ancho. En ella se podía leer con letras grandes y mayúsculas: DIOS PREMIE TU GENEROSIDAD. Por un momento creyó ver de nuevo a sus hombres de la 4ª División de Navarra arrojándose enardecidos al mar  en las playas de Vinaroz, mientras él se persignaba con la mano mojada en el agua salada. Sentía que volvía a ser aquel “glorioso” 15 de abril de 1938 y que acababan de partir en dos la zona republicana.
     Saludaba a todo el mundo, comedido y disimulando su euforia. Saludaba a los que aplaudían desde los balcones, a  los niños, a los ancianos, a su pueblo de Jaén que lo aclamaba. “Aquí tienes Bélmez de la Moraleda a tu orgulloso alcalde honorario y perpetuo… aquí tienes Bélmez de la Moraleda a tu hijo adoptivo, a tu humilde servidor…en todo tiempo mis ojos y mi corazón estarán fijos sobre este lugar“. Debajo de sus gafas oscuras las lágrimas le afloraron, pero sólo su esposa lo notó. 

sábado, 12 de noviembre de 2016

Retrato de familia



R
etratos de pueblos en fiestas, instantáneas de una gran familia. En ellos parecen  reflejarse los triunfos, las batallas ganadas; son días de celebración.

El fotógrafo, por su parte, tiene dos maneras de acometer la obra. Si lo que pretende es reflejar la realidad, hacer una fotografía periodística, procurará hacerse invisible para captar lo efímero, el instante preciso, el descuido, la espontaneidad, y lograr atrapar con su cámara la esencia, la autenticidad.

Por el contrario, si lo que busca es el lucimiento artístico, tendrá que valerse, y hasta fiarse, de la pose de sus improvisados modelos, convirtiéndose en un fotógrafo director de la escena, como ocurre en este caso concreto, donde cada uno de los personajes está en el lugar y con el gesto que se le ha encomendado con anterioridad.

Yo no sé si exista la fotografía que consiga reflejar con veracidad la verdadera valía, la realidad de un pueblo, porque aunque aparezcan todos como aquí, muy guapos y sonrientes, con la ropa de los domingos y en perfecta armonía, nunca tendremos la certeza de lo sucedido entre foto y foto, nunca sabremos el precio pagado por aparecer en la siguiente foto, en la siguiente fiesta.

Por eso no tenemos que dejar de celebrar los éxitos de la gran familia de Bélmez de la Moraleda; primero para que se hagan las fotos más o menos logradas que los certifiquen y que completen el álbum de nuestra pequeña y humilde historia, pero también para así reunirnos, para reivindicarnos como pueblo y reconocernos en el orgullo de formar parte de él.


viernes, 11 de noviembre de 2016

Nada nuevo a este lado del Jandulilla

          Durante todo el siglo XVII Bélmez de la Moraleda se estuvo debatiendo entre el ser y no ser; entre la gloria de antaño, adquirida por su situación estratégica, pero ganada por méritos de guerra, y la desgracia de hogaño, sobrevenida por el infortunio de las epidemias, de las riadas y hasta de las plagas que azotaron su población en repetidas ocasiones a lo largo del siglo, llevándola incluso al límite mismo de la extinción. 

       Sin embargo, es en la lucha y en la adversidad donde los pueblos forjan su épica. Y bastó que la providencia les diera a los lugareños de aquel entonces una pequeña tregua, unos años de bonanza y buenas cosechas, para que despuntara una vez más la natalidad. Prueba de ello fue el surgimiento de un nuevo núcleo de población en el lugar que conocemos como El Alhorín.

       Por otra parte, y también durante el XVII, como señala Francisco José Fuentes Pereira, hacia 1.623 la venta del Carvajal o Capataz se había convertido enmorada de mujeres de mal vivir”. Como veis, una vez más queda demostrada la teoría del devenir cíclico de la historia, que resumiríamos en el dicho popular de que "la historia se repite".

       Como bien podría decir el siempre polémico Pérez-Reverte, pero lo digo yo, que en estas cosas estoy de acuerdo con él, nada nuevo a este lado del Jandulilla, porque todo sucedió más o menos en los mismos términos en un tiempo anterior. Por eso, si nos paramos a buscar en los libros, si leemos, si nos ilustramos de una puñetera vez, encontraremos, si no el remedio, al menos el diagnóstico de la enfermedad. Claro, que esto va a ser lo más fácil, pues lo verdaderamente intrincado y meritorio, es operar al paciente sin que nos tiemble el pulso. Y es que a este paciente le está contraindicado poner anestesia. Cosas que tiene ser un pueblo viejo y cansado, sumido en la inercia del continuo devenir histórico. 
Fotografía del Alhorín, de Pedro Balboa Gamarra.
             

Los invisibles

Suele ocurrir que la historia oficial de todos los pueblos del mundo la cuenten los vencedores, quienes probablemente harán una reinvención de sus tradiciones, de los hechos que acontecieron en el pasado y que se reflejan de una u otra forma en el presente, marcándolo, señalándolo. Por eso el historiador debe ser crítico y dignificar su tarea dándole voz y haciendo visibles a esos otros vecinos que a pesar de ser derrotados o simplemente ignorados también son historia. El ejemplo lo encontramos en algunas fotos antiguas que habéis subido a este muro; unas veces aparece una Bélmez de la Moraleda engalanada, con las llamadas fuerzas vivas en un primer término, probablemente agasajando a algún ilustre visitante y los invisibles o poco visibles al fondo. Pero otras veces los del fondo, los que casi no veíamos, son los protagonistas con su trabajo, con su esfuerzo, sacando a un pueblo de la nada más mísera e insignificante y acercándolo hacia la luz, hacia el progreso, porque todos formamos parte de la historia de nuestro pueblo.


Construyamos futuro


        A vueltas con los errores que se repiten a lo largo de la historia, como nuestro eterno problema de supervivencia como pueblo. En 1792 Bélmez de la Moraleda contaba con 680 vecinos y la población seguiría oscilando en torno a dichas cifras durante todo el siglo XVIII. Nos dice Francisco José Fuentes Pereira, que el pueblo estaba constituido por noventa y cinco casas y quince cortijos, un pósito para el acopio de cereales, una cárcel, un horno común, un molino de harina, una fábrica de vidrios -la Venta del Vidrio, que luego pasó a llamarse el Horno el Vidrio-, una venta -la del Capataz-, una alquería o caserío -L´Alhorín-, tres casas de campo, once tinás o corrales y un castillo. Toda la economía se sustentaba en la agricultura, ¿os suena de algo?.
Venta del Vidrio, que más tarde pasaría a llamarse Horno del Vidrio, en la actualidad.


        Javier Olivares, uno de los creadores de la serie de TVE "El ministerio del Tiempo", lo expresa con una claridad tajante y meridiana: cuando un país -y quienes lo gobiernan- desprecia la cultura porque no aparece en las preocupaciones de la ciudadanía, en las encuestas. Cuando la cultura se caricaturiza y se disfraza de fiestas patronales y simple producción para el mero entretenimiento -pan y circo-, el resultado es el olvido de nuestra historia y de nosotros mismos. 



       En la segunda temporada del "Ministerio del Tiempo" no se olvidaron de Bélmez de la Moraleda. De hecho, los guionistas hicieron mención a nuestro pueblo en dos capítulos. Ya se que me diréis que siempre es por lo mismo, pero es parte de nuestra historia y no lo podemos obviar, pero como continuaba diciendo Olivares - y aviso para navegantes- con la mentira y el olvido no es que no se pueda entender nuestro pasado, es que no se puede construir el futuro.

 

      






Historias extraordinarias

Mágina y mágica... seguro que os habéis encontrado estas dos palabras juntas o relacionadas en muchas ocasiones, aunque sólo sea por la coincidencia fonética. Yo os confieso que he jugado y fantaseado mucho con la cuasi identidad sonora y me he montado muchas historias sobre una sierra con perfiles mágicos donde ocurrían cosas fantásticas, extraordinarias.
Pues no soy nada original. Qué decir de todas esas leyendas sobre pasadizos, cuevas, tesoros... o cuando en 1971 la realidad nos abofeteó "en la cara con las caras". Pero lo que seguramente muchos no sabíais, es que hay por estas tierras unos duendes que guardan los cortijos. Nos cuenta Manuel Amezcua que “aunque nadie los haya visto y quién los divise no sobrevivirá para contarlo”, tienen el tamaño de una liebre, visten de un color de entre verde y marrón y se convertirán en piedras para que nadie los localice. Son esos seres de "nuestra mitología local" a los que Francisco José Fuentes Pereira denomina como "mingos" o "minguillos". (Fuente: José Manuel Troyano Viedma, "Bélmez de la Moraleda, tradición y misterio").
 

El monolito


El día 20 de julio de 1987 a las 12:30 horas, se desmontó el monolito que se erigió en memoria de Camilo Alonso Vega. Las piezas de granito que lo componían fueron retiradas a un almacén provisional. Con el tiempo desparecerían de la faz de la tierra. Si analizamos la figura histórica de Alonso Vega, encontramos al militar, paisano y amigo de Franco, cuya participación entre las filas golpistas del 36 fue clave, sobre todo en la batalla del Ebro, pues logró partir la zona afín al gobierno legítimo de la República en dos. Más tarde fue Director general de la Guardia Civil, cuerpo que militarizó y purgó de todo elemento sospechoso de ser republicano, además de perseguir al maquis por todas la sierras de la geografía española hasta prácticamente aniquinarlo. Después, en los años 50, don "Camulo" (apodo que le decian por lo "mulo" y bestia que era), fue recompensado por su amigo el generalísimo con el ministerio de la gobernación. Y aquí lo conocimos en Bélmez a raiz de las inundaciones del 57 (casas hundidas en las Cuevas). Después vendría el alcantarillado, las escuelas, asfaltado, y por último la iglesia, hecho éste del que se cumplen 50 años ahora. Lo que quiere decir, que en Bélmez se conoció la cara digamos "amable" del señor Alonso Vega, al que familiarmente se le llamaba "don Camilo", como a un padrino o a un benefactor. Cuando el 2 de junio de 1974 se inauguró el monolito donde aparecía todo esto en una parrafada farragosa llena de grandilocuencia castrense, que a mi particularmente me recordaba a los guiones del NODO, su viuda respiró aliviada al comprobar que no se había hecho un busto en honor a su marido, como se pensó en principio. La señora se imaginaba ya, un año antes de morir Franco, cómo podía acabar la estatua de su esposo.

Entre Granada y Jaén

A principios del XIX, Bélmez de la Moraleda, aunque geográficamente dentro del Reino de Jaén, pertenece administrativa y judicialmente del Concejo de Granada. Está inscrita en el partido judicial de Las Villas, encabezado por Iznalloz y que venía a ser lo que hoy conocemos como la comarca de los Montes Orientales. Desde tiempos de los Reyes Católicos hemos estado entrando y saliendo "políticamente" de Granada, hasta que la división administrativa napoleónica de 1810 nos hizo depender civil y administrativamente de Jaén y al cantón militar de Jódar. Acabada la ocupación francesa, concretamente en el año 1837, Bélmez entró definitivamente a formar parte del partido judicial de Huelma. (Fuente: "Bélmez de la Moraleda en sus documentos", de Martín Santiago Fernández Hidalgo. Fotografía: Juan Andrés Justicia Rodríguez).

Los cementerios de Bélmez de la Moraleda

Que se hallaran huesos humanos durante las excavaciones realizadas con motivo de la aparición de las primeras caras, no es ningún hecho que debamos conectar con lo ilegal ni lo paranormal. Hasta el año 1805 no entró en vigor en Bélmez la Ley de 1787 que obligaba en España a la construcción de los cementerios distantes del casco urbano y situados en lugar ventilado. Los enterramientos se habían venido haciendo hasta entonces en un pequeño cementerio adosado a la Iglesia. Allí permanecían durante siete años, y si no se había pagado el canon para su prolongación en el tiempo, los restos se exhumaban y se pasaban al osario situado en la base del campanario. Por eso, al desmontar la Iglesia en 1964, bajo sus cimientos aparecieron los restos de nuestros antepasados. Gran parte fueron trasladados, digamos de la manera que mejor se pudo o se entendió, a una fosa común en el cementerio actual. El resto se quedaron bajo la nueva construcción y bajo las casas colindantes a ésta.
El primer cementerio que se construyó fuera del casco urbano estaba situado en el Haza de Pramoral que era propiedad de la Parroquia, pero con la desamortización de Mendizábal - con la que se desposeyó a la Iglesia en España de la inmensa mayoría de sus pertenencias- éste pasaría a depender del Municipio, que ordenaría su traslado al Camino de Belmez.

Los orígenes familiares de María Zambrano

 
María Zambrano niña
En este olímpico agosto de 2016, donde por trigésima primera vez se veneran las proezas deportivas modernas, vemos como todos luchan por ser aunque sea el lugar de nacimiento del abuelo, de la madre o del perro de la medallista. Este presente, donde los héroes son los deportistas, a quienes se adula como a modernos guerreros que guían los pueblos hacia la gloria del podio, mañana conformará su historia. De momento, la historia aún está plagada de unos valores muy diferentes, con pueblos que también se enorgullecen por ser la cuna de los abuelos de una heroína que alcanzó metas diferentes, pues sus proezas estaban en sus ideas y en sus escritos, logrando con su esfuerzo y su trabajo influir en el pensamiento y en la filosofía de un tiempo dominado por hombres. Y así cuenta la historia, que en 1907, cuando María Zambrano Alarcón contaba con 3 años de edad, pasaba una temporada en un cortijo de la localidad de Bélmez de la Moraleda, propiedad de su abuelo materno Francisco Alarcón Martínez , teólogo, comerciante de uvas pasas con Inglaterra y propietario de varias minas de carbón en la localidad, negocio que le llevaría a la ruina. En dicho lugar sufrió un desvanecimiento que se prolongó varias horas, hasta el punto de que la dieron por muerta. Afortunadamente no fue así, y tras pasar varios meses de reposo en Bélmez, se marchó a Madrid con su familia para llegar a ser una de las mujeres más influyentes e importantes de la historia de la filosofía en España
María Zambrano adulta

Pedro Gómez Cámara

Mujeres y hombres no tan notables aunque tampoco anónimos, nos dejan el testimonio de cierta querencia por su pueblo, por sus costumbres, por su gente y nos ayudan a encajar las piezas del puzzle de la historia.
"D. Pedro Gómez Cámara nació en Bélmez de la Moraleda en 1911 y se casó con Dª. Jerónima Martínez Morillas, con la que tuvo dos hijas. Realizó el Servicio Militar en el Regimiento de Regulares de Alhucemas y a su regreso estuvo de pastor, hasta que en 1948 fue nombrado Guarda Rural, profesión que desempeñó hasta su jubilación en 1976. Tuvo siempre una gran curiosidad por las cosas de su pueblo y tomaba nota de todo aquello que él consideraba de interés: recursos naturales; oficios tradicionales; escenas de la vida popular, y,ejerciendo en ocasiones de Cronista de la villa, al dar noticia de la realización de obras públicas, de visitas oficiales, inauguraciones… Su gran conocimiento del término, por su profesión, le hizo muy necesario en cuestiones de propiedades, visita de los términos colindantes con Bélmez de la Moraleda, reconocimiento de linderos…, que junto con sus notas topográficas, sus gráficos y sus escritos fue capaz de constituir un archivo de un alto valor etnográfico. Es autor de un libro inédito titulado Historia de una vida en el que va relatando sus recuerdos de cómo fue cambiando la vida de su pueblo, pasando del sector primario al sector industrial y de servicios. Fue parte de esa transformación de la vida de sus conciudadanos que pasaron del trenzado del esparto a la confección de prendas vaqueras; de la recogida de retama para encender los hornos, al motor. En definitiva no quería que las generaciones futuras no supiesen nunca cómo se realizó ese cambio a mejor en su villa natal, “a través de un relato sencillo y cercano”.
Entrecomillado de Manuel Amezcua Martínez, La vida de la Moralea en tiempos del esparto (Testimonio de D. Pedro Gómez Cámara, Guarda Rural de Bélmez de la Moraleda).
Fotografía: María Martínez Santiago.

De Despedidas y otros contratiempos